#ElPerúQueQueremos

Sembrando semillas

Publicado: 2010-03-07

Anoche me di cuenta que, milagrosamente, habían incluido este blog en la lista de "Muleros Destacados". Ni Condorito hizo tanto plop como el que hice yo cuando lo descubrí. En cuestión de segundos pude levantarme para bailar por todo el cuarto, cual futbolista que acaba de meter gol. Fue esa alusión con el fútbol lo que me hizo pensar en alguien. Le envié un mensaje eufórico con la noticia. Para suerte mía estaba despierto, era de madrugada.

Recuerda que no es importante que seas mulera destacada para que te sientas escritora. Ninguna satisfacción verdadera viene de fuera de ti misma. Solo piensa de qué eres testigo privilegiada y escribe, escribe, escribe, sin esperar aplausos ni insultos.

Hemingway decía que uno no debería creerse las críticas buenas porque, en tal caso, también está obligado a creerse las malas.

Tú no necesitas elogios. Necesitas ENFOCAR tu obra y darle un sentido. Sobre qué quieres escribir. Sobre qué puedes escribir. Sobre qué puedes decir algo. Esas son las preguntas correctas.

Raíces firmes en tierra, gracias a su comentario, el típico temor de siempre volvió a rondarme. ¿Qué cosa tengo yo para contar? ¿Qué es lo que he visto yo que nadie más ha visto? ¿Qué cosa quiero contar? Me tomó más de un año de clases aprender que lo más difícil no era cómo contar las cosas, que eso ya de por sí es bien difícil, sino qué contar.

Lo primero que presenté en clase fue un intento de cuento. Intento porque escribí cuatro páginas y solo pude describir el comienzo de lo que luego entendí era un capítulo. Un francés se levantaba, tomaba una taza de café y salía a caminar. Un ex lo leyó y me dijo "¡soy yo!". Terrible que se haya dado cuenta tan rápido y con tan poco. Debe haber tenido que ver con esa forma de comunicación tan especial que teníamos, que tenemos porque hoy somos amigos; es bueno conocer personas con quienes se da eso de leerse mutuamente. En el cuento (llamémosle así para facilitar la lectura), el chico caminaba por el malecón de Miraflores y de pronto se topaba con una flor. Ahí acababa mi cuento. Cuatro páginas para llegar a eso. Lo primero que me animaba a escribir y a permitir que otros leyesen.

En clase, tenían la costumbre de utilizar los últimos minutos para revisar lo que habíamos escrito. Cuando llegó mi turno comenzó la pesadilla. Absolutamente todos comenzaron a opinar. Y claro, las opiniones no eran para nada buenas. Habló el profesor y todos callaron. ¡No puede ser! ¡Esto es Paulo Coelho! ¿Quieres ser una Paulo Coelho? Habiendo leído a Tolstoi, Dostoievsky y demás autores clásicos desde que tenía siete, el comentario me agarró en frío. Había leído el Alquimista, una historia de Coelho basada en mucha simbología y leyenda oriental, pero nunca me había puesto a pensar si quería utilizar mis pocos conocimientos sobre otras culturas para contar historias. Esa vez solo quería utilizar una experiencia personal para crear sobre ella. Eso es lo bueno de contar historias, puedes crear la vida a tu antojo. Más gritos me devolvieron a la realidad. Has dejado la historia en el encuentro del hombre con la flor. Es Coelho si la flor habla. En ese momento todos los alumnos comenzaron a preguntar a la vez ¿habla la flor?. Comencé a sentirme un poco mareada. El profesor alzó nuevamente la voz. Di la verdad, ¿pensabas hacer que la flor hablara? Yo había olvidado por completo lo que quería contar. Ya no sabía si la flor iba a hablar, si iba a hablar el hombre, quería salir corriendo. Absolutamente toda la clase de treinta y pico personas hablaba a la vez. El profesor me miraba expectante. No lo sé, no recuerdo... Fue una mala respuesta. ¿Cómo no vas a saber? ¡Tú estás escribiendo el cuento!. Los que estaban cerca a mi me preguntaban bajito, como si quisieran conseguir la primicia por el privilegio de su posición. De verdad no me acuerdo pude balbucear nerviosa. En todo caso, después de esto, nunca, nunca hablará esa flor pensé. El cuento sigue ahí guardado, sin terminar. El ex me ha preguntado varias veces por él o por cualquier cosa que haya escrito. A diferencia mía, él es escritor de verdad, ha publicado ya varios libros. Después de ese día, no enseño lo que escribo a nadie. Salvo ahora por este blog, que me está ayudando a soltar ideas, el magma ese del que habla Vargas Llosa. Este blog ha resultado la mejor idea en mucho tiempo.

Ese profesor es ahora uno de mis mejores amigos y el mejor de los empujes cada vez que decido que nunca más voy a escribir. Lo curioso en todo esto, es la forma en la que empuja. Odia a Coelho y sin embargo, en la vida real, podría perfectamente ser uno de sus personajes. Busca lo imposible, cree en las señales, ni lo más oscuro hace que deje de creer en el amor. Sus mensajes están siempre cargados de magia, de esa fe que él cree haber perdido cuando solo ha olvidado el camino de regreso. Quién sabe y si logro escribir, sea yo la que lo incluya como personaje. Quién sabe y ese es uno de mis privilegios, verlo como personaje de Coelho.


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